ARGENPRESS-Opinión-Argentina
Eramos tan progres…
Por: Ricardo Monje (TMO)
Fecha publicación: 01/04/2008
Adivina, adivinador ¿Quién decía esto en su plataforma en 2003 para la elección? 'Necesitamos un sistema de cambios de flotación con intervención del Banco Central y sobre todo con acciones con otras políticas del tipo de retenciones móviles, incluso en algunos casos subsidios móviles que esté adecuando el tipo de cambio a los vaivenes de los precios internacionales y la situación económica internacional'. No se ponga a pensar porque no le va a pegar… ¡Elisa Carrió! Lo decía cuando era gorda, 'populista' y andaba con un crucifijo del tamaño de su coherencia. Hablaba con el mismo convencimiento que lo hace ahora y desde el altar de la pureza moral desde donde hoy continúa mirando a los malos de la política'Hay que tener políticas que establezcan un cambio de referencia, que sea revisado periódicamente, y usar mecanismos como las retenciones, un poder regulador y fiscal grueso sobre los exportadores y, hasta en algunos casos, cierto control de cambio en las operaciones.' Decía Carrió cuando su asesor económico y Ministro de Economía proyectado era Rubén Lo Vuolo.En aquel momento, 2003, cuando el país estaba en llamas, la dirigente, que dijo y se desdijo cientos de veces con impunidad intelectual propia de quien sirve a la polémica mediática, planteaba el 'Contrato Moral'. Una figura inmoral de marketing apoyada en la ignorancia generalizada, ante lo que en verdad la ponía, programáticamente, de cara a las elecciones y en la misma vereda político – ideológica, que Kirchner. Esto se podría emparentar con lo que dijo Cristina, 'cuando las vacas están flacas las penitas son de todos, y cuando están gordas no las comparto'Carrió propugnaba una política coincidente con lo hecho, en la realidad, por el gobierno de Kirchner. Con diferencias estéticas planteadas durante cuatro años, pegando en De Vido, en Fernández, etc., pero jamás diciendo nada del camino estratégico planteado. Cinco años de crecimiento continuado ¿Quién podría cuestionar lo sustancial de esa política?Pero no se puede dudar el papel de Carrió en la política nacional. Jamás cargó la verdadera cruz de una gestión, a pesar de protagonizar 'excelentes' elecciones.Carrió perdió para hacer ganar y en esa interpretación de la ingeniería electoral, de quien pierde en 2 elecciones presidenciales y en 3 elecciones en Capital Federal, está la génesis de la funcionalidad de una construcción unipersonal que la chaqueña eligió. Se autoexilió en Buenos Aires, por más que su origen haya sido como diputada chaqueña ingresada a la política por la puerta de la Alianza delaruista.Fue funcional a Menem 2003, dividiendo el voto antimenem a Kirchner. Funcional a Macri en las elecciones porteñas legislativas, dividiendo el voto progresista a Bielsa. Funcional a Macri, nuevamente, dándole cobijo y un candidato a Vice Jefe de Gobierno (Olivera), a Telerman, dividiendo el voto progresista a Filmus. En nuestra provincia dio aire a la continuidad justicialista cuando dijo 'no me molestaría que gane Obeid' y rompió el Frente con Binner. Cuatro años después cambió de opinión y apoyó al actual gobernador, poniendo al Socialismo como segunda fuerza en la Coalición en el nombre de Giustiniani.Carrió, aquella diputada del interior que salió a la luz gracias a la ayuda de un Senado de los Estados Unidos, que la eligió como vocero de información secreta acerca del lavado de dinero en la Argentina, hoy se erige como una referente ya no de la oposición a una política sino como un caudillo de la ruptura. Influye en el rumbo de la política pero no toma riesgos de conducción. Algunos pensarán que es un contrapeso necesario, otros diremos que la postura pseudomoralista, que nunca toma partido, es un peligroso ejercicio del 'no sé pero me opongo' que eclipsa la capacidad transformadora del pensamiento crítico y lo deja en un lugar dogmático cargado de apariencias y poses mientras la realidad, y la vida, pasan por otro lado.Carrió es paradigmática en cuanto al discurso hipócrita de una clase media, muy solidario y patriota cuando le tocan el bolsillo o le ofrecen posicionamiento social, y tan frío y egocéntrico como para tratar de 'negro de mierda' a un albañil que le hizo el reboque fino a desgano.Clase media que caretéa coleccionando tarjetas de crédito aunque esas mismas entidades financieras les robaron sus ahorros en 2001. Carrió es referente de ese vicio de clase pero, a la vez, reproduce, opera y alimenta la frivolidad en su máxima expresión cotidiana.La chaqueña es su propia empresa, y su cuerpo es la imagen de su posición. Un día apareció bronceada, revoleó el crucifijo, se sometió a una dieta violenta, dejó de fumar en público y ya no citó 'la voluntad' de Dios cada cinco palabras. Mañana puede volver a la obesidad, la piel trigueña y a comer hostias compulsivamente, pero lo que no va a hacer, porque no es su rol, es exponerse a los avatares de la realidad que lo descoloca a uno frente al espejo.No es intención de quien suscribe, hacer un juicio de valor sobre Carrió pero sirve, como elemento de análisis social. La fundadora del ARI, es una caricatura útil para entender la composición social de la crítica política que hoy 'apoya al campo' pero 'no se banca las hormigas'.No es cierto que las cacerolas las golpean sólo las señoras de Recoleta y Barrio Norte. La simpatía con los piquetes rurales, es enorme y mucho tiene que ver con que Cristina ignora que la lucha de clases si existe, aunque no es por una lectura marxista de la realidad. En los 90 el liberalismo ganó la batalla cultural y fundó la virtual 'clase política'. Esa 'generación X' que nació del 'y nada…', hoy bordea los 40 e inicia los 30 y se levanta en cacerolas contra 'los políticos choros'. Ese levantamiento tiene una duración tan fugaz como el tiempo que tarda un televidente en hacer zapping ante la falta de interés en algo cierto.Carrió representa eso, una posición zapping de la política. Hoy digo 'nunca más me presento a cargo alguno' y mañana propongo una 'fórmula presidencial con Binner para 2011'. Ayer exigí al gobierno aplicar las retenciones móviles y hoy me opongo a eso mismo porque es 'populista'. Ayer Binner no era una opción al PJ, hoy Binner es 'la nueva política'. Total, la base cultural sobre la que se muestra Carrió, hace zapping y adhiere a un cambio virtual de opciones que, en realidad, son la expresión diferenciada de una situación que se mantiene y reproduce para que nada cambie en verdad.
Ricardo Monje
ARGENPRESS
Jueves 19 de junio de 2008
Edición Nº 2095
Buenos Aires, República Argentina
Jueves 19 de junio de 2008
Edición Nº 2095
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=053669&Source=RSS
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jueves, 19 de junio de 2008
Eramos tan progres…
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domingo, 6 de abril de 2008
Rehenes de MONSANTO
REHENES DE MONSANTO
(O COMO BRAMAN LAS CACEROLAS LLENAS DE SOJA DEL OBELISCO, Y NADIE OYE LAS CACEROLAS SIN TIERRA DE SANTIAGO DEL ESTERO).
DEDICADO A LA GENTE DEL MOCASE, Y A LOS EXPULSADOS POR LA SOJA, LA CODICIA, LA INEPTITUD DE LOS GOBIERNOS, LAS TOPADORAS Y LOS PLAGUICIDAS.
Por Dr. Raúl A. Montenegro
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías.
Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero.
Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires.
Qué duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero.
Qué duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano.
Qué duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita.
Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel.
Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja.
Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos.
Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte.
Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado.
Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas.
Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales.
Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo.
Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados.
Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte.
Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.
Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja.
Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos.
Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana.
Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo.
Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron.
Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.
Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.
Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo.Premio Nóbel Alternativo (Estocolmo, Suecia)Presidente de FUNAM.Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
http://ar.answers.yahoo.com/question/index;_ylt=AkT6P.cmcWFKipuKCLAHriqhHxV.;_ylv=3?qid=20080402120418AAbHnTc
(O COMO BRAMAN LAS CACEROLAS LLENAS DE SOJA DEL OBELISCO, Y NADIE OYE LAS CACEROLAS SIN TIERRA DE SANTIAGO DEL ESTERO).
DEDICADO A LA GENTE DEL MOCASE, Y A LOS EXPULSADOS POR LA SOJA, LA CODICIA, LA INEPTITUD DE LOS GOBIERNOS, LAS TOPADORAS Y LOS PLAGUICIDAS.
Por Dr. Raúl A. Montenegro
Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías.
Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero.
Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires.
Qué duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero.
Qué duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano.
Qué duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita.
Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel.
Qué duro es ver el rostro reseco de Doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja.
Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos.
Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte.
Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado.
Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas.
Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos solo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales.
Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo.
Qué duro es recordar que el 80% de los bosques nativos ya fue destrozado, y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados.
Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte, y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte.
Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.
Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja.
Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el estado no hace estudios epidemiológicos.
Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos, y que Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia Boliviana.
Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo.
Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de Argentinos que todavía no nacieron.
Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.
Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche solo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.
Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo.Premio Nóbel Alternativo (Estocolmo, Suecia)Presidente de FUNAM.Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).
http://ar.answers.yahoo.com/question/index;_ylt=AkT6P.cmcWFKipuKCLAHriqhHxV.;_ylv=3?qid=20080402120418AAbHnTc
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